miércoles, 11 de enero de 2017

LA COLABORACIÓN INTERINSTITUCIONAL PARA LA FORMACIÓN EN LA EMPRESA (10): BASES PARA LA COLABORACIÓN INTERINSTITUCIONAL

LA COLABORACIÓN INTERINSTITUCIONAL PARA LA FORMACIÓN EN LA EMPRESA (10): BASES PARA LA COLABORACIÓN INTERINSTITUCIONAL 

La respuesta a la nueva situación, la aparición de nuevas necesidades que exigen la aplicación de nuevas estrategias de formación, generan una “inercia” que suele manifestarse a través de argumentos sobre el coste, la preparación de los servicios de formación, la eficacia del Sistema Educativo o en la carencia de un mercado adecuado en el que conseguir con rapidez los soportes y herramientas apropiadas para cada situación de formación o para cada realidad empresarial. 
La dificultad es real y muchas de las justificaciones también, sobre todo si el eje argumental es la necesidad de adecuar a cada empresa las acciones formativas de un modo rápido y económico. Pero hay que tomar conciencia de un cambio estratégico importante: Como apuntó el su día la Harward-Deusto Business Review (no 39, 1989) “en los días de pico, pala y plumín la formación para un puesto de trabajo era cosa nimia: pique aquí, sume esta columna de números y siga haciéndolo durante 30 ó 40 años”; hoy, la enseñanza para la vida en la empresa es una tarea costosa tanto en tiempo como en recursos económicos y complicada por su diversidad e importancia. 
Los programas de formación fracasan por falta de:



  • Visiones estratégicas que ayuden a vincular la formación a todos los niveles de la estructura de las empresas. 
  • Análisis de necesidades y de criterios de priorización en base a las propias filosofías, culturas, metas y estrategias. 
  • Distinción entre formación (actividad a corto plazo) y desarrollo (actividad a largo plazo). 
  • Elección de recursos adecuados de formación. 
  • Interés en la formación y desarrollo 
  • Evaluación de la eficacia de la formación.. 
En el marco actual se ha asumido que la empresa debe mejorar fundamentalmente su competitividad, dada la amplitud, interdependencia y complejidad de los mercados. Para ello, la mayor parte de las empresas reconocen también la necesidad de formar permanentemente a sus empleados, sin que acaben de asumir la relación competitividad - formación o sin enfocar convenientemente el sentido de la formación, aquellas que lo han asumido. 
Ya en 1988 José María Escondrillas (Boletín del Círculo de Empresarios no 41) citaba las siguientes características de la formación en las empresas españolas (sin que esta situación haya variado hasta el momento): 
•1.-No dedican suficientes esfuerzos y recursos la formación. ((Se la suele considerar como una función técnica -no de dirección y apoyo- y de segundo o tercer nivel). 
•2.-La formación se orienta preferentemete a la adquisición d e conocimiento, pero no tanto a conseguir cambios en las actitudes, lo que dificulta profresar hacia la competitidad. Por otra parte no se adopta un enfoque de anticipación, sino que prevalece el de solucionar problemas inmediatos. 
•3.-Otro tipo de problemas deriva de nuestra dependencia tecnológica del exterior. Esta colonización de parte de la formación dificulta también la competitividad. 
•4-Se observa poca cooperación entre las empresas en materia de formación, son lo que se están duplicando esfuerzos para resolver problemas comunes a muchas empresas.


Una primera medida para la solución de este estado de cosas podría ser dinamizar la relación de “determinación” que se da entre los sistemas Educativo y Económico y la de “distribución” que opera entre las instituciones Educativas y de Producción y, en concreto, orientar el sistema educativo también hacia el mundo laboral y de la empresa y dotarlo de mecanismos de transición adecuados y reales. 
Una segunda medida sería que las empresas acabasen de asumir su ubicación en el nuevo contexto social y empresarial, debido, aparte de a las razones aducidas hasta aquí, a la globalización de la economía y a la nueva dinámica económica, a la significación del conocimiento científico como soporte de la competitividad y a la complejidad y especialización de las actividades empresariales. En resumen, la empresa debe asumir su propio e importante protagonismo en un nuevo marco y el protagonismo del conocimiento en él. 
La tercera medida sería que el entramado político-social asuma el importante papel de formación de las empresas. Para ello la formación debería ser diseñada corporativamente y debería formar parte de las actividades de las empresas. 
Es justamente en este ámbito en el que cobra especial relevancia la colaboración interinstitucional, como vía de solución al reparto de competencias y exigencias entre los distintos agentes sociales. Esa idea aún adquiere mayor importancia si se asume -y sería la cuarta medida a exponer- que, como hemos venido indicando con insistencia, la formación en la empresa requiere de un nivel de especialización tal que ninguna institución por sí sola podría proporcionarla. 

En todos los casos, desde la “especialización” que hemos indicado y como base de esa colaboración, los sistemas de formación habrían de ser “abiertos“ flexibles”, fuera de los mecanismos tradicionales a los que estamos acostumbrados. 

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